El estado de salud de Juan Antonio “Cacho” Garay se agravó en los últimos días, al tiempo que su situación judicial continúa avanzando sin definiciones inmediatas.
El humorista mendocino, de 62 años, fue internado de urgencia el pasado viernes en el Hospital Italiano de Mendoza por una descompensación vinculada a un problema arterial y debió ser sometido a una intervención quirúrgica.
Según confirmaron fuentes médicas, el cuadro se complicó a raíz de un diagnóstico de diabetes y afecciones vasculares previas.
En un nuevo parte emitido esta semana, el Servicio de Traumatología del hospital indicó la necesidad de realizar una limpieza profunda en el cuarto dedo del pie izquierdo o, en caso de no observar mejoría, proceder a la amputación.
Garay fue pasado a sala común luego de la cirugía inicial, aunque su evolución continúa siendo seguida de cerca por los profesionales.
Hasta el momento, no hubo declaraciones públicas de familiares ni de su entorno cercano sobre su estado actual.
En paralelo, el humorista permanece bajo proceso judicial tras ser denunciado por su expareja, Verónica Macías, por violencia de género.
En 2024 había recibido prisión domiciliaria debido a su delicado estado de salud, medida que fue revisada meses más tarde.
El 30 de abril pasado, la jueza Natacha Cabeza, del Juzgado Penal Colegiado Nº 1 de Mendoza, dispuso el cese de esa prisión domiciliaria, señalando que la denunciante vive en Córdoba y que las condiciones habían variado.
Desde entonces, Garay se encuentra en libertad, aunque con restricciones: no puede salir de Mendoza ni del país, debe presentarse semanalmente en la Unidad Fiscal y se le incrementó la caución económica de 5 a 7 millones de pesos.
En los últimos meses, su defensa solicitó la realización de un peritaje exhaustivo de su teléfono celular, que había sido incautado en el marco de la investigación. El humorista sostiene que allí podrían encontrarse pruebas clave para su descargo.
La situación judicial avanza de manera lenta, mientras su cuadro de salud plantea un escenario complejo. La combinación de ambos frentes —el proceso penal en curso y el riesgo médico de nuevas intervenciones— condiciona el presente de Garay, quien atraviesa uno de los momentos más críticos de su vida personal y profesional.