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Es de Comodoro y sorprendió en “En el Barro”, la exitosa serie de Netflix con María Becerra

 De bailar en la Fiesta Puerca y Fiesta Plop de Vorterix a estar en la pantalla de Netflix, en una de las series más vistas de las últimas semanas, de la que todo el mundo habla. Antonella Avalos Alós (26) está en la cresta de la ola, surfeando en un mundo al que nunca imaginó llegar, pero que ahora la ilusiona y le abra otras puertas.

La comodorense es bailarina y, gracias a su participación en las fiestas de Vorterix, terminó siendo parte de “En el Barro”, la serie que se estrenó el pasado 14 de agosto y que ya confirmó su segunda temporada, con la participación de la “China” Suárez, Anabel Guerrero y la protagonista de esta historia, quien esta vez tendrá un papel más activo, coqueteando entre el baile y la actuación.

EL MOVIMIENTO EN LA SANGRE

Antonella nació en Río Gallegos, pero se siente comodorense. A los 3 años llegó a la ciudad del petróleo, el lugar al que su familia vino por el trabajo de su padre, un oficial de la Fuerza Aérea que antes estuvo en Santa Cruz y en Mar del Plata.

Estudió en el jardín Juana Manso, vivió en el kilómetro 3, en “los dúplex de techos verdes abajo del cerro” y también en el barrio Cívico. Admite que siempre le gustó bailar. Por eso, cuando tuvo que decidir qué iba a hacer de su vida, no dudó y siguió el consejo de Alicia Kalambucas, su docente en el ballet Jazz de la Costa.

“Siempre supe que era el baile; no sabía en qué forma ni en qué estilo, pero sí que quería hacer eso”, cuenta a ADNSUR al repasar su historia. “Me acuerdo de que Alicia, en su momento, me abrió el abanico y me dijo: ‘Si vos querés esto, se puede realizar: le tenés que meter, te tenés que ir a Capital, donde está todo el mundo, formarte en un montón de cosas, pero es ahí’. Así que terminé la secundaria y me vine a vivir a Capital’”.

El movimiento viene por herencia de su madre, la instructora Lorena Alos, conocida en la ciudad, entre otras cosas, por haber dado vida al Kangoo Jump: esa disciplina que invita a quemar calorías y a fortalecer los músculos con llamativas botas con plataformas que permiten rebotar y caminar, correr, bailar o trotar a la vez.

“Yo creo que en gran parte viene por ella”, dice con orgullo y emoción. “Ella es profesora de gimnasia, educación física; siempre tuvo su gimnasio, dio clases de ritmo y yo tomaba todas las clases. A los cuatro años, me acuerdo, me llevó a una academia para hacer mi primera clase de árabe; después tomé flamenco y español con Laura Matosín y no paré”.

Antonella finalmente terminó la carrera de acrobacias y danza en el Estudio de Flavio Mendoza, donde actualmente trabaja, pero el camino implicó una búsqueda que la llevó por distintos rumbos hasta que encontró su lugar.

“Mi primer año en la Capital fue terrible en todos los sentidos”, admite. “En Comodoro vivía en una burbuja, cuidada y protegida por mis papás, en mi academia de danza de toda la vida, y cuando llegué a Capital fue como si me hubiera chocado un tren de frente, porque fue decir: ‘ah, somos un montón de gente buscando el mismo sueño, la misma carrera, conociéndonos’”.

Ese año, Anto hizo el ingreso a la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y estudió Artes Escénicas en la UADE (Universidad Argentina de la Empresa), pero no le convenció y se fue a Córdoba a buscar otro camino. En las sierras tampoco encontró lo que quería y volvió a Buenos Aires, sabiendo que necesitaba hacer algo que le de mayores herramientas y fue al estudio de Flavio Mendoza.

Precisamente, en esa academia comenzó también su carrera laboral. En su último año le ofrecieron dar clases de urbano a niñas; luego llegarían jazz y urbano en la carrera, y surgió la posibilidad de sumarse a “Cantando con Adriana”, la maestra jardinera que se hizo popular por el “Sapo Pepe”.

Como cuenta Anto: “Capital es un viaje de ida; meterse y estar en movimiento todo el tiempo, hablar y hacer contactos”. Por eso sabía que el camino era uno solo: audicionar en todo lo que existía.

“Audición que existía, audición que iba; pensaba que alguna puerta se iba a abrir, y cuando salieron las audiciones para Cantando con Adriana, dije: ‘listo, si es un infantil será un infantil’. Ese fue mi primer gran trabajo en temporada de invierno en la Capital, en el teatro Premier: empezar a hacer giras”.

En todos estos años pasó de todo en el camino de la bailarina. La pandemia la trajo de nuevo a Comodoro y su regreso a Capital la llevó a actuar con la influencer Juli Puente en el “Cardio de la felicidad”. El año pasado también tuvo la posibilidad de bailar en los premios Gardel junto a Miranda, ese dúo que fue a ver alguna vez con su tía Karina al club Huergo y que se convirtió en su primer concierto. “Son esas cosas de la vida que decís: ‘Qué loco, no lo veía venir’.”

Y, entre otros proyectos, bailaba para hacerse unos pesos en la “Fiesta Puerca” y “Fiesta Plop”, donde la vieron y la convocaron para un rol que no esperaba. “Yo bailaba siempre en las fiestas que se realizaban todos los fines de semana en el Teatro Vorterix. Está bueno: te dan una coreografía, te presentan a lo largo de la noche, te quedás performando en el escenario; somos muchos bailarines y actores, y me acuerdo, fija, que un lunes estaba dando clases y me llegó una nota de voz. ‘Hola, soy Luciano Heredia’, me dice. ‘Mirá, le pedí tu contacto a tu jefa; soy el director de casting del spin-off de El Marginal. Va a haber un capítulo donde habrá una competencia entre grupos de presas que tienen que bailar. Yo te veo todos los fines de semana y me parece que da. Presenté tu perfil y está aprobado. Así que, si vos quisieras hacerlo, estás adentro’. ” Antonella no dudó un segundo: fue un sí gigante y comenzó la aventura.

DEL ESCENARIO AL SET

“En el barro”, protagonizada por Ana Garibaldi, Valentina Zenere, Rita Cortese, Lorena Vega, Marcelo Subiotto, Carolina Ramírez y Ana Rujas, se grabó el año pasado, mayormente en una fábrica que se convirtió en cárcel de mujeres. La serie cuenta la historia de Gladys, esposa de Mario Borges, que, tras intentar realizar un secuestro fallido, es detenida en una cárcel de máxima seguridad: “La Quebrada”, donde hay cientos de mujeres detenidas que conviven día a día con la vida carcelaria y todo lo que lo rodea.

“Fue una hermosa experiencia”, admite Antonella. “Tuvimos un ensayo, hicimos una coreografía y, si bien lo que sale en ‘En el barro’ son 15 segundos, fueron tres minutos y medio de coreografía. Al mismo tiempo me dijeron: ‘Vamos a grabar un par de escenas post y un par de escenas pre, que no aparezcan en la competencia de la nada. Se va a ver el ensayo de la coreo y después se van a quedar de extras, para que tengan continuidad y se sigan viendo’. Para mí era un mundo nuevo que se estaba descubriendo. Pensaba: lo recontra, re, mil hago por la experiencia, por saber cómo es el mundo, por el detrás, por Netflix, por la cantidad de actrices, por la calidad; así que, bueno, estuvo bueno. En el medio se confirmó la segunda temporada. Me dicen: ‘Estás, vas a tener este rol’. Así que me quedé, actuando un poco más. Voy a formar parte de un grupo que va a ser muy mediático cuando salga”.

La serie ha sido una de las más comentadas de las últimas semanas. Ya se confirmó que en la segunda temporada se sumarán la ‘China’ Suárez y Anabel Guerrero, y también sorprendió la actuación de María Becerra y de Locomotora Olivera, la boxeadora que recientemente falleció.

Antonella siente que es un paso increíble en su carrera, no solo por la repercusión que tuvo, sino por lo que significa y porque fue una sorpresa. “Es increíble; uno trabaja mucho por objetivos. Piensa: ‘quiero bailar en este lugar, quiero hacer esto’ y después se dan estas cosas que te van cambiando la visión, porque no sabía que esta era una posibilidad para mí. Entonces, quizás debería empezar a poner fichas acá. Pero es algo muy lindo. Había gente que ya lo sabía, pero no sabían qué iba a pasar en la serie y también me escribió mucha gente del sur, y eso siempre es lindo: el reconocimiento de tu ciudad siempre te llena el corazón. Hubo gente que no sabía y me vio ahí y me escribía: ‘¿puede ser que seas vos, la colorada que aparece?’. Muy increíble”.

“Verse en Netflix es un montón; ver que en los créditos aparece mi nombre, el apellido de mis papás, es increíble, y la segunda temporada se viene heavy”, dice entusiasmada.

Antonella disfruta mucho este momento, porque sabe también que el camino está lleno de piedras, muchas de las cuales se convierten en frustraciones y dudas. A la distancia, agradece el apoyo de sus padres, la contención de sus amigos, tanto del mundo del baile como de la vida, y las oportunidades que siempre llegaron, como aquellas participaciones con El Polaco, Los Palmeras, Fer Vázquez y Facu Mazzei.

Admite que su sueño ya no es querer bailar para tal o hacer tal cosa, sino vivir de su arte y siente que lo está logrando. “Es un sueño que está siendo vivido, transitado, pero ni sabía que esto era algo que se podía dar, existe un mundo de posibilidades, de seguir generando cosas”.

En paralelo, también trabaja en el Circo Servian, con el cual hizo temporada en Mar del Plata y hoy sigue en Pilar como coreógrafa. La joven está contenta, atraviesa un excelente presente y no duda en dejar un mensaje a quienes son del interior y sueñan con hacer su propio arte: “Se re puede, hay que trabajar duro, pero hay lugar para todos. Entonces, si es lo que te hace feliz y creés que tenés una posibilidad, hay que intentarlo y probar. Alguna de las 18.000 puertas se va a abrir”, dice, convencida de que ese es el camino.