El pasado miércoles 20 de agosto, un episodio de extrema violencia marcó el partido de vuelta por los octavos de final de la Copa Sudamericana entre Independiente de Argentina y la Universidad de Chile, en el estadio Libertadores de América de Avellaneda.
El encuentro, que estaba empatado 1-1 en el momento de la suspensión, terminó siendo un escándalo que trascendió lo deportivo para convertirse en una grave crisis de seguridad en el fútbol sudamericano.
Los incidentes comenzaron durante el primer tiempo, cuando un grupo de hinchas chilenos ubicados en la tribuna Pavoni Alta empezó a arrojar objetos, incluyendo piedras y butacas, contra los simpatizantes locales. Además, incendiaron sillas del estadio, lo que contribuyó a un ambiente de tensión extrema. Esta agresión desató una reacción violenta por parte de las barras bravas de Independiente.
CANCELACIÓN DEL PARTIDO Y GRAVES INCIDENTES
La atmósfera fue empeorando en el entretiempo y continuó deteriorándose hasta que, a los pocos minutos del segundo tiempo, el árbitro Gustavo Tejera decidió suspender el encuentro debido a la imposibilidad de garantizar la seguridad.
Mientras las fuerzas policiales mostraban una notable inacción inicial, la violencia alcanzó su punto más crítico cuando miembros de la barra de Independiente invadieron el campo de juego y atacaron a los seguidores de la Universidad de Chile, quienes permanecían en las tribunas. Se reportaron golpes brutales, apuñalamientos y una situación de pánico que llevó incluso a que uno de los heridos se arrojara al vacío para escapar de la agresión.
En total, hubo más de 20 personas heridas, algunas en estado grave, y más de 90 detenidos, en su mayoría hinchas chilenos.
Los jugadores de ambos equipos abandonaron el terreno y la policía solo intervino cuando la situación había alcanzado niveles críticos. Según reportes, la falta de un operativo policial efectivo y la insuficiente seguridad dentro y fuera del estadio fueron factores determinantes para que se produjera tal caos. Además, se criticó la decisión de ubicar a los hinchas visitantes en un sector sin barreras físicas adecuadas, lo que facilitó el enfrentamiento directo entre ambas parcialidades.
El presidente de Independiente, Néstor Grindetti, declaró que el operativo de seguridad fue diseñado en conjunto con Conmebol y el equipo visitante, aunque deslindó responsabilidades del club por la violencia ocurrida. Por su parte, desde la Universidad de Chile se informó que se vivió una situación de riesgo extremo, con heridas graves, amenazas con armas blancas y una logística de seguridad deficiente. La Conmebol, por su parte, anunció la cancelación definitiva del partido, dejando la definición de la serie a los estamentos disciplinarios de la confederación.
LA REACCIÓN DE LOS MEDIOS CHILENOS TRAS LOS GRAVES INCIDENTES
Los medios chilenos, como La Tercera, Bio Bio, La Cuarta y El Mercurio, cubrieron los hechos con gran indignación y preocupación, lamentando tanto la brutalidad de los incidentes como la falta de medidas preventivas.