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¿Qué son el phubbing y el doomscrolling?: dos hábitos digitales que afectan la salud mental y los vínculos

 En un mundo donde la conectividad permanente se volvió parte del día a día, los hábitos digitales adquirieron un protagonismo ineludible. Si bien los dispositivos móviles ofrecen beneficios indiscutibles, también han transformado profundamente la forma en que nos relacionamos y cómo procesamos la información. Dos fenómenos crecientes, el phubbing y el doomscrolling, reflejan cómo el uso constante de la tecnología puede afectar tanto la calidad de los vínculos humanos como el bienestar emocional.

Por un lado, el phubbing expone una desconexión en medio de la conexión. Por el otro, el doomscrolling revela el impacto psicológico de una exposición continua a contenidos negativos. Ambos comportamientos, aunque diferentes, tienen en común el potencial de alterar la percepción, la atención y el equilibrio emocional.

El teléfono móvil ocupa hoy un lugar central en la vida cotidiana. Si bien la conectividad permanente aporta comodidad, acceso rápido a la información y comunicación instantánea, también genera dinámicas que afectan la calidad de los vínculos humanos. Entre esas conductas, el phubbing aparece como un fenómeno cada vez más frecuente que cuestiona cómo el estar “en línea” de manera constante altera la relación con los demás.

El término phubbing surge de la combinación de las palabras del inglés “phone” (teléfono) y “snubbing” (despreciar o desairar). La palabra define una situación cotidiana, ignorar a una persona presente para prestar atención al celular u otro dispositivo móvil. Esta práctica ya no resulta exclusiva de los adolescentes ni de los entornos laborales; se extiende a casi todos los ámbitos sociales y etarios, atravesando familias, grupos de amigos y parejas, e incluso impacta en la relación entre padres e hijos.

“El phubbing hace referencia a la acción de ignorar a una persona, conversación o evento para poner atención al dispositivo móvil o a las redes sociales. En resumen: ignorar con el teléfono”, señaló Andrés Luccisano, médico psiquiatra infanto juvenil y subjefe del servicio de Salud Mental Pediátrica del Hospital Italiano de Buenos Aires

“El término phubbing describe una conducta cada vez más común: ignorar a una persona con la que estamos compartiendo un momento presencial, para prestar atención al celular u otro dispositivo móvil”, agregó Fernanda Giralt Font, licenciada en Psicología y jefa del Departamento de Psicoterapia de Ineco.

Pero no todo sucede en el plano de los vínculos presenciales. El impacto de los hábitos digitales también se manifiesta en el plano individual, en el modo en que consumimos información. Un ejemplo claro es el doomscrolling: una conducta que puede parecer inofensiva, revisar redes sociales o las noticias en el celular, pero que puede desencadenar un efecto negativo profundo.

Una notificación en el teléfono puede desencadenar una cadena de noticias negativas que afecta el bienestar emocional, aunque el usuario no lo advierta. Este fenómeno, denominado doomscrolling, fue objeto de un estudio que confirma su impacto adverso en la salud mental, según Psychology Today. La investigación, realizada por la Universidad de Flinders en Australia, revela que el consumo compulsivo de contenido perturbador en redes sociales provoca ansiedad, fatiga y altera tanto la percepción de la realidad como la sensación de seguridad personal.

El doomscrolling consiste en desplazarse compulsivamente por redes sociales en búsqueda de noticias negativas, entre las que se incluyen teorías conspirativas, conflictos políticos o eventos violentos. Una simple revisión de mensajes puede convertirse en una prolongada exposición a información inquietante, dejando a la persona estresada y emocionalmente agotada.

Aunque este comportamiento puede parecer inofensivo, la investigación australiana demuestra que sus consecuencias superan ampliamente la mera distracción.

Para analizar el alcance del fenómeno, los investigadores encuestaron a ochocientos estudiantes universitarios de Estados Unidos e Irán, lo que permitió comparar dos contextos culturales distintos. Los participantes respondieron preguntas sobre la frecuencia del doomscrolling, su nivel de ansiedad existencial, la percepción de justicia en el mundo y sus sentimientos hacia la humanidad.

De acuerdo con los resultados, la exposición habitual a historias perturbadoras en redes sociales se asocia con cambios notables en la percepción de los demás y del entorno. Este fenómeno incrementa la desconfianza y la sospecha hacia otras personas, y puede inducir un sentimiento de desesperanza existencial, donde la vida parece carecer de sentido.

Tanto los estudiantes estadounidenses como los iraníes presentaron niveles elevados de ansiedad existencial, preocupaciones sobre la vida y la muerte, además de una visión más pesimista del mundo.

El estudio advierte, además, sobre las consecuencias fisiológicas de este hábito. El doomscrolling activa el sistema nervioso simpático, responsable de las respuestas de lucha o huida ante el estrés. La activación genera respiración acelerada, aumento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial, tensión muscular y liberación de hormonas como cortisona y adrenalina. Esta conexión entre mente y cuerpo conduce a una mayor ansiedad, miedo, depresión y desesperanza, reforzando el impacto negativo del consumo compulsivo de noticias negativas.

Otro riesgo importante es el trauma indirecto. La exposición continua a información e imágenes de eventos traumáticos puede desencadenar síntomas similares al trastorno de estrés postraumático: ansiedad, depresión, ira y desconfianza, incluso en quienes no han vivido el trauma de forma directa.

Las personas con antecedentes de trauma pueden experimentar retraumatización y un agravamiento de su malestar emocional debido al doomscrolling.

Frente a estos hallazgos, los especialistas enfatizan la importancia de desarrollar mayor conciencia sobre los hábitos digitales. Recomiendan revisar el tiempo dedicado a redes sociales, identificar los efectos del contenido negativo en los pensamientos y emociones, y establecer límites para proteger la salud mental.

En paralelo, el phubbing, como práctica relacional, también requiere un abordaje consciente. “Diversos estudios muestran que el phubbing puede deteriorar la calidad de las relaciones afectivas, tanto de pareja como familiares o sociales”, explicó Giralt Font. La psicóloga remarcó que “las personas que lo experimentan frecuentemente reportan disminución en la satisfacción vincular, mayor sensación de soledad y menor conexión emocional”.

Tanto el doomscrolling como el phubbing reflejan desafíos concretos de la vida digital actual. Tomar distancia de ciertos hábitos, reducir notificaciones, pautar momentos sin pantalla y reconectar con lo que ocurre en el presente se vuelve esencial para proteger la salud mental y emocional.

“Establecer una relación más saludable con la tecnología no implica eliminarla, sino usar los dispositivos con mayor conciencia y regulación”, concluyó Belén Tarallo, miembro del equipo de Psicoterapia de Ineco.

CUÁLES SON LOS PASOS PARA EVITAR EL PHUBBING O EL DOOMSCROLLING

* Poner el celular en NO MOLESTAR.
* Dejar el celular en otra habitación.
* Entablar una conversación sana sin distracciones.

Con información de Infobae, redactada y editada por un periodista de ADNSUR