En agosto de 2025, la economía argentina mostró signos mixtos en medio de un proceso de desaceleración de la inflación, que se ubicó en torno al 2% mensual, impulsada principalmente por aumentos en alimentos y bebidas, con la carne vacuna como uno de los rubros con mayor impacto en la canasta básica.
Este panorama inflacionario, aunque alto para estándares internacionales, reflejó una mejora respecto a años anteriores, consolidada por un programa económico con fuerte foco en la emisión monetaria cero y el ancla cambiaria, lo que proyecta una inflación anual en torno al 26-28% para 2025, con expectativas de desaceleración para el segundo semestre del año.
Sin embargo, el nivel de actividad económica muestra señales de estancamiento. La producción industrial ha caído en los últimos meses y el consumo se ha retraído, afectado por una disminución del salario real y una mayor carga financiera sobre las familias y las empresas.
TÍA MARUCA EN CRISIS: LE DIO UNA SEMANA DE VACACIONES A SUS 300 EMPLEADOS
La histórica marca de galletas Tía Maruca, emblema de la industria alimentaria en Argentina y producida por la empresa Dilexis, atraviesa una nueva etapa de incertidumbre que afecta a sus 300 empleados en su planta principal ubicada en el departamento Albardón, provincia de San Juan.
La compañía anunció recientemente que la fábrica detendrá su actividad por una semana, período durante el cual el personal deberá tomarse vacaciones obligatorias, salvo algunos operarios convocados para tareas puntuales de montaje y mantenimiento.
La decisión, comunicada por el área de Recursos Humanos, responde a la necesidad de realizar trabajos de montaje y mantenimiento con el objetivo de mejorar la productividad de la planta. Desde la gerencia se aclaró que esta parada técnica no está vinculada a una baja en el consumo ni a la crisis económica que enfrentan muchas empresas en el país, sino a la planificación interna para sostener la producción y eficiencia operativa.
Sin embargo, esta noticia reavivó la preocupación entre los trabajadores, quienes ya venían con la tensión a flor de piel tras las dificultades financieras que experimentó la compañía meses atrás, específicamente en mayo, cuando se registraron demoras en el pago de salarios y algunas fricciones laborales.
EL TRASFONDO DE LA CRISIS DE TÍA MARUCA: DIFICULTADES FINANCIERAS Y TENSIONES LABORALES
Tía Maruca es una marca emblemática dentro del sector de galletas nacional, con una planta que abastece a gran parte del mercado argentino. Esta planta está ubicada en Albardón, San Juan, y emplea en forma directa a cerca de 300 personas que trabajan bajo un sistema de tres turnos diarios para mantener la producción continua. A esta estructura productiva se suma un centro de distribución en Luján, Buenos Aires, esencial para la logística y el suministro a nivel nacional.
No obstante, en medio de la crisis económica que afecta al país, la empresa ha enfrentado problemas que incluyeron retrasos en el pago de sueldos y tensiones entre la patronal y los trabajadores, generando episodios de conflicto y una atmósfera de incertidumbre en la planta.
En declaraciones públicas de mayo, Pablo Tamburo, CEO de Dilexis y líder del grupo Argensun Foods, dueño de la marca Tía Maruca, reconoció que se habían producido atrasos en el pago de salarios, aunque los calificó como “demoras de pocos días” y no de meses, como circularon en algunos medios y redes sociales. Asimismo, aseguró que se comunicaron oportunamente esas demoras con los empleados, garantizando que “las horas extras se pagan”, aunque aclaró que por el esquema de tres turnos no se realizan horas extras ni trabajo los fines de semana.
Tamburo atribuyó parte de la resistencia interna a un proceso de ordenamiento que la empresa impulsa para mejorar la gestión y la producción: “Entiendo que hay gente que no quiere orden. Cuando empezás a controlar una planta donde antes había despilfarros, donde algunos hacían negocios paralelos, claro que les molesta. Pero nosotros vinimos a ordenar, a producir más y a ser eficientes”, afirmó con firmeza.
Otra figura central en esta historia es Alejandro Ripani, fundador de Tía Maruca. Si bien algunos rumores circularon sobre su desvinculación, Tamburo confirmó que Ripani “nunca se fue”, mantiene una participación accionaria y colabora activamente en la gestión de la empresa. Incluso destacó que muchos de los avances recientes, como la relocalización de maquinaria y las inversiones en infraestructura en San Juan, surgieron a partir de decisiones vinculadas a Ripani.
Lamentablemente, junto con las dificultades empresariales, Ripani y su familia han sido objeto de ataques personales en redes sociales y medios de comunicación, algo que desde la gerencia repudiaron y calificaron como una injusticia, resaltando su compromiso y aporte a la compañía.
LA PARADA TÉCNICA Y SUS IMPLICANCIAS PARA LA PLANTA
Con la confirmación de la semana de suspensión de actividades para realizar mantenimiento y montajes, la actividad en la planta de Albardón quedará totalmente detenida. Esta medida contempla el uso de vacaciones obligatorias para la mayoría de los empleados, mientras algunos operarios con funciones específicas seguirán trabajando para garantizar que las tareas planificadas se completen en tiempo y forma.
La gerencia sostuvo que esta pausa no implica un riesgo de cierre ni de despidos masivos, pero reconoció que la situación comercial obliga a una revisión de gastos y a un replanteo en la organización de los turnos de trabajo. Hasta ahora, el sistema de tres turnos diarios permitía la continuidad operativa y algunos niveles de estabilidad para los trabajadores, pero la coyuntura obliga a ajustar este esquema.
No es la primera vez que la planta experimenta conflictos en torno al pago de salarios: en los últimos meses, la empresa tuvo que encarar momentos de tensión con la plantilla, afectando la relación laboral y generando inquietud respecto al futuro inmediato de la firma.
La planta de Albardón no es solo un centro productivo, sino una pieza clave para la economía local y regional. La marca tiene un peso significativo en el mercado de galletitas en Argentina, y su continuidad significa sostener cientos de empleos y la cadena de suministros que conecta con numerosas localidades y provincias.
Por eso la preocupación no solo está en garantizar la producción a corto plazo, sino también en la capacidad de la empresa para superar sus dificultades, mantener a su plantilla y adaptarse a un entorno económico cada vez más desafiante.